La Homeopatía es una medicina que nace en el siglo XVIII. Fue descubierta y probada por el médico alemán Samuel Hahnemann, que estaba decepcionado con los tratamientos que se utilizaban en la época (purgantes, vomitivos, sangrías, etc.).  Abandonó la medicina en la que ya no creía basándose en el Principio HipocráticoPrimum non nocere ” (Lo primero es no hacer daño).

Así, Hahneman descubrió que habían sustancias que eran capaces de curar los mismos síntomas que padecía el paciente cuando se intoxicaba con esa misma sustancia, confirmando así el “principio de la similitud”: lo similar se cura con lo similar, que ya enunció Hipócrates (460-377 a. C). De aquí su nombre, Homeopatía, palabra griega que tiene su origen en dos vocablos griegos : homoios ” : semejante y “pathos ”: enfermedad.

En aquella época se empezó a utilizar también en animales y se sigue utilizando hasta nuestros días.

 Por tanto, la homeopatía veterinaria es una terapia que utiliza principios activos capaces de provocar en un animal sano los mismos síntomas que curan en un animal enfermo.

Los medicamentos homeopáticos  que utilizamos son de origen vegetal, mineral y animal, son fabricados de forma rigurosa  porque sus principios activos van a estar muy diluidos para evitar efectos tóxicos. Se elaboran realizando diluciones múltiples utilizando dosis infinitesimales, por lo que podemos estar tranquilos de que nuestro paciente no padecerá ningún tipo de efecto secundario que pudiera ser perjudicial para su salud.

Se administra vía oral en forma de gránulos que en la mayoría de los casos administramos diluidos con agua, para facilitar su administración y potenciarlos. La mayoría de los animales no ponen ningún tipo de resistencia para tomarla.